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Lo que dice el Banco Mundial sobre Uruguay y el análisis a futuro por el covid-19

La organización internacional cree que Uruguay puede evitar que la crisis por el coronavirus sea "otro lamentable punto de inflexión" en la historia del país

Nacionales 09 de septiembre de 2020 Jose I. Flores Ribeiro Jose I. Flores Ribeiro
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El Banco Mundial presentó este martes un informe donde analiza la situación de la inclusión social en el Uruguay y se refiere a la situación del coronavirus en el país y los desafíos que se le presentan para continuar acortando brechas entre los grupos más excluidos y el resto de la sociedad. Desde la organización creen que Uruguay puede evitar que la crisis por el covid-19 sea "otro punto de inflexión lamentable" de su historia, como entienden que lo fueron las décadas posteriores al 1950, cuando "comenzaron a flaquear los ingresos de las exportaciones ganaderas".

En el documento destacan que Uruguay, luego del 2001, ha experimentado un "crecimiento constante" de su economía y se convirtió en "un líder regional en la lucha contra la inequidad históricamente arraigada y perniciosa de América Latina". Esa situación es comparable, según el informe, con los inicios del siglo XX, cuando "el país alcanzó unos de los estándares de vida más altos de las Américas". Sin embargo, creen que la pandemia es un "golpe" a este crecimiento y advierten que "la forma como responda el país podría determinar el camino de desarrollo que siga en los próximos años".

"El covid-19 no tiene por qué convertirse en otro lamentable punto de inflexión, pero la dirección que tome esta crisis va a depender de la determinación del país por redoblar sus esfuerzos para alcanzar la inclusión social plena; aun cuando al mismo tiempo deba gestionar una considerable reducción del espacio fiscal necesario para expandir sus programas e inversiones sociales", agrega el documento.

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Dejando afuera la situación de la pandemia, en el informe destacan que Uruguay cuenta con la clase media más numerosa en proporción a su población: supera el 60%. Además, hacen hincapié en que entre el 2007 y el 2018 la tasa de pobreza en Uruguay pasó de cerca del 30% a menos del 8%. 

"La pobreza extrema fue prácticamente erradicada. Los salarios mínimos se duplicaron en términos reales entre el 2006 y el 2017, mientras que el índice de salarios reales aumentó cerca del 50%. El desempleo, la informalidad y el subempleo también experimentaron bajas durante este período. Estos avances positivos beneficiaron a los más pobres y vulnerables en particular, haciendo de Uruguay el país más igualitario de la región", subraya el informe.

Sin embargo, no son todo elogios en el texto del Banco Mundial. La investigación revela que aunque los niveles de inequidad son bajos para la región, continúan siendo altos en comparación con los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y economías comparables. Desde la organización afirman que los grupos históricamente excluidos "están sobrerrepresentados entre los pobres" y que "se beneficiaron menos que otros" de la bonanza de la década que pasó.

Por ejemplo, las familias donde las mujeres son jefas del hogar tienen dos veces más probabilidad de ser pobres (11%) que aquellos donde el jefe es un hombre (5,8%). Los afrodescendientes, por su parte, duplican la tasa de pobreza nacional y llegan a alrededor del 20%. 

El informe saca a la luz otros datos al respecto: 7 de cada 10 mujeres han experimentado violencia doméstica, alrededor del 45% de las personas trans declararon haber sufrido violencia debido a su identidad de género, solo el 25% de estas personas completó la educación primaria, y cerca del 16% del total de la población uruguaya declara tener algún tipo de discapacidad.

Además, muestra que la tasa total de jóvenes que ni estudian ni trabajan se estima en 11%. De todas formas, explican que ese porcentaje no toma en cuenta a los jóvenes desempleados (7%) que podrían incluirse en la definición de "NINIs" si se considera también a los jóvenes que buscan empleo. Si eso sucede, la tasa uruguaya de este tipo de jóvenes es más alta que la de Bolivia (13%) y Perú (11%).

El documento también se refiere a los asentamientos y al crecimiento de estos espacios en los últimos años: hasta 2018 se registraban cerca de 607 asentamientos (45 más que en 2011). De estos nuevos asentamientos informales, solamente el 2% están conectados a la red de saneamiento y 9% tienen conexiones formales de electricidad.

Fuente: El Observador.

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