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Registros de cánceres cayeron un 23% desde que empezó la pandemia

La actualización de datos alerta que, en base a evidencia internacional, es de esperarse un aumento de las muertes por patologías oncológicas durante los próximos cinco años

Salud 06 de mayo de 2021 Victor Camargo Victor Camargo
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Desde el comienzo de la pandemia y hasta el término del primer trimestre de este 2021, los registros de cánceres cayeron un 23%, según un informe que actualiza los datos de efectos no-COVID de la pandemia en Uruguay y que el viernes será presentado a los coordinadores del GACH por el otorrino Hamlet Suárez, que coordina el equipo de especialistas.

“La baja no es solo por la falta de pruebas de diagnóstico, sino porque la reducción de la movilidad causó problemas en los equipos que asisten en el interior del país y porque la atención toda se vio afectada”.

En los dos primeros meses del año pasado, cuando el COVID-19 era algo que acontecía en el Lejano Oriente, en Uruguay se realizaban unas 30 pruebas de Papanicolaou por hora para detectar un posible cáncer de cuello de útero. En los primeros dos meses de este 2021, con el virus circulando por el país, este tamizaje cayó un 61%. Las mamografías descendieron 75% y los análisis de detección de sangre en las heces -usado para el diagnóstico de cáncer de colon- se redujeron 45%.

Estas caídas de las pruebas son más acentuadas que las vistas durante el segundo semestre del año pasado, cuando la baja había llevado a una advertencia por parte de la comunidad médica, cuenta Lucía Delgado, investigadora principal del estudio “Impacto de la pandemia por COVID-19 sobre el control del cáncer en Uruguay”. Según la oncóloga, “es probable que estas reducciones sean mayores en marzo, abril y mayo, dada la agravación de la pandemia”.

Ante esta evidencia -que se extiende a otras disciplinas médicas- el Ministerio de Salud ordenó el retorno a las consultas presenciales a partir del 17 de mayo, a la obligatoriedad de los tamizajes y a la recoordinación de las más de 50.000 cirugías que se habían aplazado.

El corte de la presencialidad de la asistencia médica está involucrado en los déficit observados es todas las especialidades médicas. La telemedicina es un aliado, pero no sustituye el cara a cara y, por tanto, hay que pensar alternativas de aforos y protocolos que permitan una continuidad asistencial”, dice el otorrino Suárez.

Pero el solo hecho de que se ordene la vuelta a la asistencia presencial, dice el especialista, no soluciona el otro problema: “el temor de las personas de acudir a una policlínica o un hospital”.

A fines del año pasado, Suárez y su equipo del GACH habían advertido que se corre el riesgo de un “efecto boomerang”: los cánceres y problemas cardiológicos se detectan en forma tardía, aumenta la carga en cuidados intensivos (que es lo que se quería evitar), crece la morbimortalidad y el “remedio” termina siendo más caro que la enfermedad (incluso en dinero).

En este sentido, la actualización de datos alerta que, en base a evidencia internacional, es de esperarse un aumento de las muertes por patologías oncológicas durante los próximos cinco años. Pero la afectación no se dará solo en el final de la vida, sino también en el comienzo: hay un retraso en los controles de embarazo, eso lleva a más riesgos en la gestación, mayor depresión materna y falta de asistencia al embarazo en adolescentes. Todo eso también es una consecuencia colateral de ese diminuto virus que cabe más de 400 veces en el grosor de un cabello humano.

Cuidados paliativos no llegan a todos los pacientes

La enfermedad que causa el SARS-CoV-2 carece de cura. Las vacunas son, hasta el momento, la única herramienta probada por la ciencia para reducir los casos más graves y las muertes por esta infección. De ahí que más del 60% de los equipos de cuidados paliativos de Uruguay haya tenido que atender a pacientes críticos con Covid para que el padecimiento sea más llevadero. Pero, así como los cuidados paliativos incorporaron esta patología, han reducido la atención “en todas las otras”, explica la especialista Gabriela Píriz.

Desde que comenzó la pandemia y hasta fines de abril de 2021, menos de la mitad (45%) de los equipos de cuidados paliativos pudieron mantener una atención “normal”. El resto vio reducida la asistencia (51%) o directamente no pudo realizar asistencia alguna (4%). Eso hizo que algunos pacientes no recibieran el debido cuidado para una muerte digna: con menos dolor.

Fuente : El País 

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