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Seis adolescentes ya fueron vacunados contra el COVID-19 en Uruguay; en octubre podría extenderse a todos

Hasta ahora solo se han vacunado seis adolescentes. Todos son trasplantados y tenían, en caso de infectarse, un “riesgo alto”.

Coronavirus 17 de mayo de 2021 Victor Camargo Victor Camargo
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En Uruguay ya se han vacunado contra el COVID-19 seis menores de 18 años. Todos son adolescentes trasplantados y tenían, en caso de infectarse, un “riesgo alto”. Son la excepción a la regla en una campaña de inmunización que puso el foco en la población más adulta. Pero según Catalina Pírez, profesora titular de Pediatría, “más tarde o más temprano”, el país tendrá que vacunar a la mayor cantidad de niños posible.

La incertidumbre de una pandemia que todavía está fuera de control en el mundo, hace que no sea nada fácil arriesgar fechas. Pírez, quien preside la Comisión Honoraria para la Lucha Antituberculosa (encargada de la operativa diaria de la inmunización contra el coronavirus) afirmó a El País que “antes de octubre la vacunación en adolescentes es más un deseo que una realidad”.

En el mejor de los escenarios -léase sin retrasos en los embarques de vacunas, sin inconvenientes en el sistema informático y con buena adhesión de la población adulta- faltarán dos meses para que las dosis lleguen a los brazos de todos los mayores de 18 años.

Eso supone acabar con la lista de espera y, desde junio, ir al terreno con vacunatorios itinerantes para “darles la posibilidad a aquellos que no pueden trasladarse, que no han sabido o podido agendarse o todavía están en duda”.

La evidencia muestra que a mayor edad, más riesgo hay de transitar el COVID-19 con complicaciones que deriven en una internación. En ese marco, Pírez explicó que, antes de la inmunización en menores de 18 años, “habrá que ir a los barrios” y hacer llegar el mensaje de la importancia de la vacuna “a todos los rincones”.

Ya “en octubre parecería razonable el comienzo de la vacunación en menores”, admitió. La campaña también daría inicio “con los más adultos” (dentro de los menores) en alusión a los mayores de 10 años. En esa franja etaria, el virus tiene un comportamiento (en la transmisión) más parecido al del adulto.

En los últimos congresos de pediatría en los que se ha discutido la vacunación contra el COVID-19 en niños, los especialistas llegaron a la conclusión de que existe un beneficio doble: evitar las pocas enfermedades graves que el virus causa en los menores de 18 años y reducir la transmisibilidad comunitaria. Esto quiere decir en palabras sencillas: bajar la cantidad de personas con síntomas. Lo que supone menos estornudos, menos secreciones nasales y por lo tanto menos carga viral. En la opinión del infectólogo pediátrico Álvaro Galiana, “para lograr un descenso significativo de contagios es necesario disminuir la circulación viral entre niños y adolescentes”. Eso, a su vez, les permitirá a los más pequeños mantener una vida social lo más parecida a la “vieja normalidad”.

Más contagios

En Uruguay, los menores de 15 años representan el 12,5% de los positivos al COVID-19. En enero, cuando la primera ola todavía no había mostrado toda su intensidad, los niños eran el 9,9% de los casos reportados.

Ese incremento de los contagios en niños hizo sospechar de la afectación de la variante viral P1 en la población más joven. Dos meses después “se sigue investigando, pero no se ha podido demostrar una relación lineal entre la aparición de la cepa y el aumento de casos en niños”, explicó Pírez. “Se ven más casos en niños porque hubo más casos de adultos”, añadió la pediatra.

¿Puede decirse que el COVID-19 no es un problema en niños? Según los pediatras no es tan así. Sigue dándose que los pequeños son, por lo general, el último eslabón de una cadena epidemiológica. Ellos se infectan si alrededor hay adultos contagiados. La mayoría cursa la enfermedad sin síntomas. Pero, poco a poco, los casos de Covid son más graves y ya hay menores con neumonías o síndrome inflamatorio multisistémico asociado al virus.

Brasil es uno de los países que más ha advertido por la aparición de este síndrome que, por lo general, ocurre entre dos y cuatro semanas después de la infección con COVID-19. Se caracteriza por la presencia de fiebre, sarpullido, fatiga y otros síntomas que a veces se confunden con la enfermedad de Kawasaki (inflamación en las paredes de las arterias medianas del cuerpo). El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) reportó que hasta mayo se registraron 4.000 casos de este síndrome en el país. “La buena noticia” -dijo Pírez- es que “los pediatras uruguayos tienen una muy buena capacitación para el trabajo de afecciones respiratorias y sistémicas y, por lo general, estos casos son recuperables”.

Las vacunas en los niños podrían prevenirlos de estas reacciones graves. Mientras esa campaña de inmunización es una proyección, a nivel internacional Pfizer tiene acabados los ensayos que demuestran la seguridad y eficacia de la vacunación en menores.

Fuente : El País 

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