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Rafa Villanueva: "En las recorridas he visto lugares con 200 personas y sin tapabocas"

El conductor de La ruleta de la suerte y Súbete a mi moto valora su doble actividad en la conducción. La pandemia reformuló su programa carretero y se muestra sorprendido por las aglomeraciones.

Show 29 de mayo de 2021 Victor Camargo Victor Camargo
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Rafa Villanueva abre la puerta de su casa en el Prado, que luce en su fachada una bandera con la cara de la referente en la búsqueda de desaparecidos Luisa Cuesta. Invita a pasar y posa para la cámara en el jardín del lugar en el que vive desde hace apenas unos meses y del que ya se quiere ir. Es que aturdido por la ciudad y enamorado del interior del país, el conductor de Súbete a mi Moto y La Ruleta de la Suerte tiene como objetivo cumplir el postergado sueño de iniciar una nueva vida en Punta del Diablo, a casi 300 kilómetros de la capital. “Acá todo el mundo te pasa por arriba y vive en su mundo”, lamenta en un diálogo que atraviesa reflexiones sobre televisión, política y pandemia.

—¿Tenías en el debe hacer un programa de juegos con las características de La Ruleta de la Suerte?

—Sin duda, sentía que era para donde había que ir. Cuando me lo propusieron fue un gran desafío y una linda oportunidad.

—¿Qué te pidieron para la conducción?

—Ponerle mi impronta y humor al formato. Gustavo Landívar (productor) me dio tres o cuatro pautas. Miramos mucho la versión española, que era el perfil al que queríamos apuntar.

—El programa lo consumen muchos niños, ¿te acercó a un nuevo público?

—Es increíble. Hay muchos padres que me dicen que los hijos los hacen ver La Ruleta y me llegan muchas fotos por Instagram de gurises mirando el programa. Lo mismo pasa con personas mayores. Se sumó un público que no veía Súbete a mi moto.

—Pese a los efectos económicos de la pandemia los canales han apostado por más producción nacional en el último año, ¿hay una mayor demanda del público de consumir productos locales?

—Parece que sí. Está buenísimo ver el rating de programas nacionales peleando con 15 puntos, más allá de que algunos no estén en mi canal.

—¿En este contexto cómo analizás la vuelta de Showmatch? Algunos pueden decir que ocupa el espacio que podían tener producciones nacionales.

—Pero no es así. Showmatch viene a complementar toda una propuesta de producciones nacionales entre las que están La Ruleta, Fuego Sagrado y Poné Play. En el horario central están las producciones nacionales y después viene Showmatch. Años atrás estaban la novela de (Adrián) Suar y Showmatch, que sí era un combo argentino que le quitaba espacio a la producción local, pero ahora no. Además ya no es aquel Tinelli. Los últimos años que se emitió en Uruguay ya no pasaba eso de que su programa medía lo mismo que el resto de la televisión sumada. Ahora se entrevera entre todos nosotros. De hecho, La Ruleta y otros programas de producción nacional miden unas décimas más.

—¿Cómo es hacer Súbete a mi moto en pandemia?

—Muy difícil. Antes pasábamos por un lugar que había 20 personas y ni nos bajábamos de la camioneta. Ahora buscamos lugares que haya 20 personas, porque si hay 100 ya no los podemos mostrar. No hay eventos y eso implica un esfuerzo extra para hacer el programa. Hay que agudizar la imaginación. Y lo que era nuestra manera de trabajar como si estuviéramos en vivo no la podemos hacer más. Yo antes veía a alguien que iba a comerse un choripán y enseguida me acercaba para preguntarle cómo estaba. Eso ahora es imposible. Tenemos que preguntar antes si les interesa charlar con nosotros, si nos dice que sí tenemos que pedirle que se ponga tapabocas, y encima con el tapabocas se pierde la expresividad de la cara. El programa se caracterizaba por la espontaneidad y eso ya no existe. Nos agarró con ocho años arriba, así que lo podemos hacer sin que el programa se vea muy lastimado.

 

—¿En las recorridas has visto muchos lugares con más de 100 personas reunidas?

—¡Pfff! He visto lugares de más de 200 personas y todas juntas sin tapabocas. No quiero decir lugares específicos, pero la otra vez en un departamento limítrofe de Montevideo llegamos a un parque en el que siempre se junta gente y no pudimos grabar porque habían 300 o 400 jóvenes sin tapabocas. Era algo casual de "vamos a juntarnos al parque". No lo queremos mostrar porque sería darle para adelante a algo que está mal que se haga.

—Si bien mantenés los cuidados sanitarios, en el programa interactuás con mucha gente, ¿te preocupa tu propio cuidado personal por la pandemia?

—No es fácil. Estamos sumamente expuestos y hay que tener mucho cuidado. Estamos para todos lados con alcohol en gel, doble tapabocas, esponja, amonio cuaternario. Cuando terminamos de trabajar es como desarmar un quirófano adentro de la camioneta. Al principio, cuando volvimos a hacer el programa en pandemia, me perseguía mucho. Mi familia me decía "estás regalado", "no te acerques tanto a la gente". Yo respondía "tengo que laburar, ¿qué querés que haga?". Además veo alrededor y me asusto. El otro día se murió un compañero de 41 años que jugaba al fútbol conmigo. Era un tipo sano, sin ninguna enfermedad. Estuvo un mes internado y se murió.

—¿Te gustaría ser padre?

-No, ya está decidido. Siempre tuve claro que no me interesaba. Desde muy chico lo decía, y causaba las risotadas de mis mayores y de mis amigos que me tomaban el pelo. Me ha costado un montón de discusiones.

—¿Por qué no te interesa?

—No sé bien por qué. Supongo que tiene que ver con mi historia de vida. Mi viejo se separó de mi madre, se fue de casa cuando yo tenía seis años y no volvió nunca más. Siempre sentí la ausencia de la figura masculina en mi casa y vi a mi madre romperse en dos o tres laburos para darme de comer y permitirme estudiar. Además, soy una persona que tiene su independencia como algo sagrado, y un hijo te saca todo eso. Por otro lado, la vida me dio hijos porque mi pareja tiene dos que hoy tienen 38 y 30 años, y los conozco desde que eran niños. Yo recibo regalos del Día del Padre, saqué gurises de la comisaría, los recibí borrachos. Pasé con ellos la mayoría de cosas que pasan los padres con sus hijos. La diferencia es que cuando les levantaba un poco la voz me decían "pará un poco que vos no sos mi padre". Ellos tienen su padre súper presente con el que tenemos una excelente relación, pero los amo como mis hijos. Doy la vida por cualquiera de los dos.

Nota completa ( AQUÍ )  Fuente : EL PAÍS 

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